El Acusado Martincho

Tres hombres fueron conducidos ante el juez para recibir su sentencia. El Juez preguntó al primero: 

– ¿Reconoce, usted, los cargos por las cuales se le acusa

El acusado respondió:
– No, señor juez, porque fue una calumnia y una acusación desconocida la que me trajo hasta aquí.
El Juez no tuvo nada que decir, ante la negativa del acusado. Así que prosiguió con el segundo. Interrogó:
– Y usted, ¿reconoce su delito por el cual se le acusa?
El otro contestó:
– No, ¿cómo puedo reconocer aquello por la cual se me acusa? Se me imputa por un delito de robo, pero yo jamás robé nada a nadie.
La segunda negativa puso en duda la postura del administrador de justicia, ya que era un hecho que los dos estaban mintiendo. Entonces preguntó a Martincho, el tercer imputado.
– ¿Señor Martincho, reconoce usted los delitos por los cuales se le acusa?
Martincho, inclinando la cabeza, contestó:
– Por su puesto, señoría. Estoy aquí porque maté al hombre que hirió a mi familia y yo perdí la cabeza. Así que, señoría, puede disponer de mí como mejor le parezca.
Y la autoridad determinó:
– Liberad a este hombre debido a su honestidad y a los dos anteriores llevadlo a la cárcel por mentirosos. 
 
‘La mentira tiene patas cortas; la honestidad vale per se’

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La Paz, 14 de Noviembre del 2012 
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