El Águila y el Escarabajo

Una liebre, perseguida por un águila, se refugió en la cueva de un escarabajo. Ella sollozó suplicando:
 
– ¡Por favor, señor escarabajo, protégeme!
 
El escarabajo, acudiendo a su sabida hospitalidad, acogió a la liebre y, en nombre de Júpiter, rogó al águila para que le perdonase a la indefensa.
 
Pero el águila, ignorando sus ruegos, procedió con la aniquilación de la liebre sin consideración alguna. Luego se dirigió al escarabajo:
 
– ¿Qué daño puedes hacerme tú?
 
El escarabajo, rápidamente, ubicó el nido del águila donde reposaban sus huevos y, uno por uno, los rodó e hizo que todos estrellaran en tierra. Entonces la reina de las aves se fue en busca de sus otros nidos, pero vio que también habían corrido la misma suerte. Y se quejó:
 
– Ese infame escarabajo, ¡oh Júpiter! Es la causa de mi desgracia…!
 
Entonces se escuchó la voz conminante de Júpiter:
Moraleja: ¡Nunca menosprecies la voz del que te parece insignificante!
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