El Anciano Martincho

Tres ancianos estaban sentados en la ladera de un jardín, hablando de sus problemas, entre ellos Martincho de noventa y tres años.

El anciano que tenía setenta y tres años, dijo:

—Mi oído está fallando. ¡La gente tiene que gritarme  y aún así no puedo oír bien!

Entre tanto, el anciano de setenta y ocho años murmuró:

—Mis ojos se están debilitando, no puedo ver bien. ¡Además ni siquiera puedo distinguir entre una rubia y una pelirroja!

Luego, le preguntaron a Martincho, el tercer anciano:

—Martincho, dinos ¿cuál es tu problema?

Y el vejancón de noventa y tres años, contestó:

—Mi problema es más profundo que el de ustedes. Me pasó a noche: cenamos, luego tomé un poco de vino, después descansé en el sofá y me quedé dormido. Media hora después me di cuenta de que mi esposa ya se había ido a la cama. Entonces entré en el dormitorio y le dije:”Hazme lugar, cariño; déjame entrar en la cama y nos divertimos un poco”. Pero mi esposa me dijo: “si ya nos hemos divertido hace apenas veinte minutos”.

Y luego Martincho, palmeándose la cabeza, muy tristemente dijo:

—Caballeros, mi problema es que estoy perdiendo la memoria.

“La memoria es como el mal amigo; cuanto más falta te hace, te falla”.

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La Paz, 14 de Julio del 2014
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