El Asno Inteligente

Al pastar en un pastizal, un asno divisó acercarse hacia él un lobo feroz. Entonces empezó a planear como poder escapar del lugar.

Así que le vino la idea de engañar al canino y comenzó a caminar cojeando y fingiendo un gran dolor. Mientras tanto su contrincante se encontraba vigilándole desde unos matorrales. El lobo se dijo a sí: un burro cojeando es una presa fácil. Y se presentó ante el asno.

El asno, al verse frente al lobo, exclamó:
– ¡Qué suerte la mía! ¡Por fin encuentro a alguien inteligente y hábil que me puede ayudar!El lobo, sintiéndose halagado, preguntó:

– ¿En qué podría yo ayudarle señor asno?
El burro contestó:
¡Ay, amigo lobo! Una espina se me clavó en el talón y estoy seguro de que tú conseguirás quitármela. Me molesta mucho. ¡Mira cómo estoy cojeando!
Al lobo le pareció bien ayudar al borrico ya que, de todos modos, estaba lista la presa y que comérselo sin una espina sería mejor. Así que dijo él, muy astutamente:
– Levanta la pata, amigo, para que pueda ubicar la espina con exactitud.
Mientra el burro levantaba la pata, sugirió:
– Acérquese un poco más amigo lobo; yo percibo que está bien metido en mi talón. Puede que te cueste un poco, pero aliviará mis dolores.
Entonces el lobo, que se había ubicado detrás del burro, se le acercó más y, en ese momento, el borrico le propinó una patada que terminó con los dientes del feroz lobo y huyó de su presencia.
En cambio el lobo se quedó tumbado en el suelo, malherido, aullando de dolor; y con los dientes rotos, lloró su desventura.
‘Quien abandona su propio oficio por otro ajeno, no está en sus cabales’.
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