El Mendigo y Martincho

Un pordiosero sucio, desaliñado y sin afeitar, con los ojos enrojecidos y desdentado, pidió limosna a Martincho. Éste preguntó:
 
– ¿Bebes, fumas o juegas?
 
El mendigo contestó:
 
– Señor, no bebo, no fumo ni juego.
 
Martincho dijo:
 
– De acuerdo. Pero si me acompaña a casa le daré un euro pues, en este momento, no tengo centavo alguno.
 
Entonces el mendigo le acompañó a Martincho hasta su casa. Al entrar en ella, su mujer apartó a su marido y susurró al oído:
 
– ¿Cómo se te ocurre traerme a un elemento con esa pinta a casa?
 
Y Martincho se explicó:
 
– Cariño, solo quería que vieras el aspecto de un hombre que no bebe, no fuma, ni juega.
 
La vida no debería ser una cosa seria, sino una diversión, una celebración, un juego, una explosión de alegría espontánea.
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