El Pastor y el Mar

A un pastor, que apacentaba su rebaño a orillas del mar, le picó las ganas de hacerse comerciante.

– Es breve  la travesía -se dijo-, y, embarcando a las ovejas, se puso a remar. En la costa vecina vendió su ganado a magnífico precio.

Con el dinero obtenido compró dátiles africanos.

Al retornar con su carga se levantó una bravísima tormenta. En tanto, para poder salvarse, arrojó todo su cargamento al mar.

Sumido en la miseria, sin dátiles ni rebaño, el pastor sollozaba, cuando alguien le dijo:

– Tranquilo está el mar, buen hombre. ¿Por qué no arriesgas a sacarle algún provecho?

El pastor contestó:

– Desengáñate, amigo; cuando el mar se aquieta es porque desea más dátiles.

“Desengaños y sinsabores, matan a los mejores”

 

La Paz, 19 de Octubre del 2013
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