El Ratón y el Gato

Cierta vez había una ratoncito que por su lisura era la presa apetecida de don Comilón, un gato de mata y come.

Así, una tarde, el gato estuvo a punto de atraparlo cuando providencialmente apareció un perro, gran amigo del pericote y jurado enemigo del gato.

— ¿Qué pretendes hacer, miserable, con un amigo? —intervino el perro, mostrándole los dientes.

El gato, hecho un puercoespín, tomó las de Villadiego y se refugió en el tejado.

Lo curioso es que, mientras el perro ladraba y el gato maullaba, el ratón subido sobre el lomo de su amigo, se puso a bailar.

Pero, un día, estando el perro ausente, el pericote se perdió en la panza del gato marrullero.

Moraleja: Protección no es segura, si es que no te dura.

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