El Taxista Martincho

El afortunado Martincho salió de un bar con una chica guapa a darse una vuelta en su viejo Ford. Salieron a una carretera rural, detuvo el auto y se volvió a la muchacha con un acercamiento bastante sugerente.
Entonces la muchacha aclaró, quitándoselo de encima:
– ¡Un momento! En realidad soy prostituta, y mi tarifa es cincuenta euros.
Martincho accedió a la advertencia, le pagó los cincuenta euros e hicieron el amor… Más tarde, el hombre se sentó frente al volante y se puso a esperar.
E3ntonces la muchacha intervino preguntando:
– ¿Qué sucede? ¿No nos vamos?
El hombre contestó:
– Todavía no. En realidad soy taxista y el precio de la carrera es cincuenta euros.
La gente está tan atrapada por un sin fin de intereses que no hay tiempo para una atmósfera de cariño y amor naturales. Todo se ha vuelto un negocio.
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