El Tordo y la Golondrina

En un jardín vivía un tordo joven que hizo grande amistad con una golondrina transeúnte. 
La golondrina fue tan jovial y amable con el tordo que, al inocentuelo, le pareció galana y discreta, al extremo de cederle lecho, comida y amor.
– No hay nada en el mundo, ¡oh, madre mía! -dijo un día el joven tordo-, como la amiga que he encontrado esta primavera.
– Lo que no hay, contestó su madre, es un hijo tonto como tú. ¿No sabes, infeliz, que cuando llegue el invierno retornará a los suyos, a la caliente tierra de donde procede?
Y continuó diciendo:
– Para conceder amistad verdadera hay que esperar un verano y un invierno; y quizás varios veranos… y varios inviernos.
La verdadera amistad, aún teniendo sus propias estaciones, es eterna.
 
La Paz, 08 de Julio del 2013
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