Fabulas de la Fontaine

Fabulas de la Fontaine es un nuevo apartado online de fábulas que presenta UnaFabulaCorta.COM.

la zorra-y-la sigueñaHasta ahora hemos resaltado a las Fábulas de Esopo que, debido a su brevedad, sin duda, sigue siendo plausible para inculcar una enseñanza moral a las gentes de hoy. No obstante, dejar de lado la otra colección de fábulas de la Fontaine, sería una injusticia ante el autor y ante la sabiduría literaria actual para quien esta existencia perenne no puede pasar desapercibido.

Esta mención especial obedece al distinguidísimo lugar que ocupan también estas Fábulas en la república de las letras.

Por tan bello motivo, ponemos en consideración ésta otra colección que no puede ser ignorada por este sitio web UNAFABULACORTA.COM.

El estilo ameno de las Fabulas de la Fontaine podemos identificar, antes de publicar una a una, en la fábula: “La Zorra y la Sigüeña”.

Hacía mucho tiempo que la zorra y la cigüeña no se veían, cuando un día se encontraron por casualidad.

La cigüeña era una excelente señora, pero a la zorra le mortificaba el airecito altanero con que caminaba, y se le ocurrió hacerle una broma.

Después de zalameros saludos y tiernos abrazos, díjole la muy astuta:

—Para celebrar tan felicísimo encuentro, te invito a cenar en mi casa.

La cigüeña aceptó complacida creyendo en la sinceridad de la invitación y, poco después, estaban las dos conversando tranquilamente en casa de la zorra.

Cuando la cena estuvo lista, la anfitriona invitó a la cigüeña a pasar al comedor.

Una exquisita y fraganciosa comida las esperaba.

Pero la maligna zorra había servido todo sobre platos extendidos y, mientras ella comía a dos carrillos, la pobre cigüeña, con su largo y puntiagudo pico, no pudo probar bocado.

La zorra, viendo lo que le sucedía a su convidada, se reía. Y como la cigüeña era en extremo educada, disimuló su contrariedad fingiendo que le había agradado la cena. Pero —está demás decirlo— se dio perfecta cuenta de la pesada broma de doña zorra.

Poco después, volvió a pasar la cigüeña frente a la casa de su astuta amiga y, luego de saludarla, añadió:

—Quiero corresponder a tu fina atención y te invito a comer en mi casa.

La zorra aceptó complacida, viendo que la ocasión le daría la oportunidad de comer sin gastar un centavo.

Llegaron a la vivienda de la cigüeña y, tras charlar un rato, pasaron al comedor. También les esperaba una riquísima comida, pero no sobre platos lisos, sino dentro de panzudas botellas de largos y estrechos cuellos.

Desde luego, la dueña de casa devoró cuanto quiso, porque con su larguísimo pico podía llegar hasta el fondo de las botellas.

La zorra, en cambio, pasaba y repasaba su hocico por el borde, estiraba la lengua y sólo lograba lamer el frío vidrio sin sabor alguno, en tanto que le provocaba el exquisito olor de la comida.

De este modo, la cigüeña respondió con la misma moneda a la malintencionada zorra.

Moraleja:Quien imita al que engaña, se venga y no agravia“.

Ojalá que con un intento de hacerlo más público estas fábulas inmortales, podamos hacer justicia al autor de estos bellos relatos del imperio de las letras que siguen conservado el frescor de sus enseñanzas.

Estimados visitantes de nuestro sitio, ¡Que disfrutéis de las fábulas de la Fotaine!

Publicado por: Ohslho
La Paz, 11 de Mayo del 2015

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