La Cigarra y la Hormiga

Fábula:

Llegado el verano, una hormiga diligente y previsora juntaba afanosamente granos de trigo y cebada, cascaras de fruta y toda clase de semillas.

Luego de amontonar estas provisiones, las llevaba poco a poco hasta el granero de su cubil. Su propósito se proyectaba hacia el invierno, estación en la que escasean los alimentos.

Cerca de aquel lugar, una cigarra se pasaba el día cantando y observando los ajetreos de la hormiga. Se sorprendió al verla tan afanosa en época en que los animales, dejando sus faenas, se abandonan a la dulce vida y la diversión.

—Te veo muy trabajadora, comadrita —le dijo con sorna la cigarra— ¿Por qué te esfuerzas así, si el verano nos invita a gozar de la buena vida? Fíjate en mí, que no me preocupo mucho del mañana, pues la naturaleza da para todos La hormiga no replicó y continuó su tarea. Llegará el momento —pensó— que esta insensata se dé cuenta de que la ociosidad a nada bueno conduce.

Pasada la etapa del calor vino el otoño y, cuando menos lo esperaba la cigarra, llegó el invierno y con él, la escasez de provisiones.

La cigarra sintió hambre y se puso a buscar algún alimento para llevárselo a la boca. Pero, por más que buscaba, no podía encontrar nada que saciara su necesidad.

Entonces se acordó de su vecina, la trabajadora hormiga. Esta debe tener repleto de provisiones su granero —pensó—, iré a solicitarle ayuda.

En efecto, llamó a la puerta del cubil de la hormiga y le dijo con voz que más parecía un sollozo.

—Me estoy muriendo de hambre, vecinita. Préstame, por caridad, algún alimento, que te lo devolveré lo más pronto que pueda.

—Ya ves, holgazana —repuso la hormiga—, si hubieras trabajado en el último verano, hoy no carecerías de alimento. Sigue cantando tu destemplado chirr, chirr, que quizá el canto te sirva de calmante.

—No te burles, mi buena vecina —le replicó la cigarra—. Mi canto no aplaca el hambre que me atormenta. Dame unos granitos de trigo.

—Muy bonito, perezosa —siguió amonestándole la hormiga—; mientras yo me desvivía guardando provisiones, tú pasabas el verano cantando… Si eres tan buena cantando, sigue cantando y que la música te llene la barriga ¡Adiós, perezosa, adiós!

Moraleja:

La pereza es madre de la pobreza.

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