La Excusa de Martincho

Una noche, Martincho llegó a su casa muy tarde; debió de ser las tres de la madrugada. Como su casa ya estaba asegurado, golpeó la puerta y su esposa, Emilia, que estaba enfadada, preguntó:

— ¿Dónde estuviste hasta estas horas?

 
Martincho, queriendo explicar, dijo:
 
— ¡Espera! No te precipites. Solo dame un minuto y te explico. Luego si quieres puedes decirme lo que quieras. 
 
La esposa parecía entender la insinuación del esposo pero, como claramente se enfurecía más y más, el marido dijo:
 
— Me quedé acompañando a un amigo muy enfermo, el pobre no tenía quien le asista.
 
La mujer le respondió:
 
—  Una historia muy creíble. ¿Y cómo se llama tu amigo?
 
Martincho se lo pensó y pensó, y finalmente explicó:
 
— El pobre estaba tan enfermo que no pudo decírmelo.
 
La mente, si está ebria, siempre podrá encontrar excusas para cualquier cosa.

 

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La Paz, 28 de Septiembre del 2013
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