La Falta Anonima de Martincho

En cierta ocasión, Martincho cometió una falta que no podía saldarse sino compareciendo ante el juez. De modo que, después de haber cometido la falta, esta vez decidió afrontarla a huir de la situación.

El día que se había fijado la audiencia de medidas cautelares, entró en la sala de deliberaciones y se sentó en el banquillo de los acusados. Pasó un momento, otro, y otro. Posteriormente, llegó el juez y tomó su lugar correspondiente. También, una a una, llegaron los acusadores compuesto de doce mujeres juristas.

Martincho, sintiéndose preocupado por la situación, hizo muecas con la cabeza y, al parecer, estaba resignado y ya no había forma de huir, ya que la sesión iba a comenzar en unos minutos.

Finalmente, tomó la decisión de hablar directamente con el juez al verse incapacitado de engañar a las doce del jurado. Entonces, dijo al juez:

– Señor juez, ¡Confieso! Si no pude engañar a una mujer en casa, menos podré engañar a las doce del jurado. ¡Es imposible! He cometido la falta; así que, ¡castígueme!

Moraleja: Todo marido sabe que engañar a una mujer es difícil.

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La Paz, 21 de Octubre del 2014
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