La Hija de Martincho

La hija mayor de Martincho era realmente hermosa y toda la población solía estar admirada de sus dotes que la naturaleza le había otorgado. 
Un día, junto con sus amigas, decidió ir al balneario más famoso del poblado. Estando allí, todas se zambulleron al agua y comenzaron a disfrutar acompañado del acostumbrado chismorreo de las chicas.
Entonces, mientras ellas estaban en el agua, fue a su encuentro uno de sus pretendientes –un joven de la familia más reputada y potentada del pueblo. Ella, conforme el muchacho se le dirigía, salió del agua para encontrarse. Él, que era muy guapo, le acompañó hacia los sillones para que ella se secara. Mientras iban, el muchacho le susurró:
– Supongo que hoy podremos hablar, porque debes estar relajada.
Ella contestó:
– ¿Y de qué quieres hablar? ¿De lo de siempre?
Él siguió:
– Sigues arisca como siempre. Sin embargo, sigo soñando que algún día despertarás junto a mí.
Ella replicó:
– Sueñas mucho, pero tú no eres mi tipo.
Él murmuró:
– ¿Por qué no? Somos de la misma clase social.
Ella objetó:
– Eso no tiene nada que ver. El hombre de mi vida será aquel que cumpla los tres requisitos básicos.
Él preguntó:
– ¿Y cuáles son esos tres requisitos?
La hija de Martincho, dijo:
– Que sea feo, fuerte y formal. Y ¿tú? No cumples con ninguno de los requisitos. Te pareces más a un…
 
No hay fealdad sin la belleza, ni tampoco ésta sin la otra.

Copyright: Ohslho Shree
La Paz, 18 de Junio del 2013
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