La Mujer y el Cántaro

Una mujer, al ir a la ciudad, encontró un cántaro que en otrora había guardado excelente vino.

Por curiosidad, la mujer olfateó el recipiente y comprobó el embriagador aroma que despedía.

— ¡Oh! ¡Dioses! ¡Qué delicioso debió ser el vino que guardó este cántaro abandonado, cuando al cabo de tantos años conserva aun su fragancia! —exclamó—.

Rato después, pensó, y concluyó diciendo:

— Una vida noble es como un cántaro de buen vino que, en la vejez, conserva el aroma de sus virtudes, aunque su aspecto sea achacoso y miserable. 

En la choza del iluminado, siempre queda la fragancia de sus logros.
Publicado por: Ohslho
La Paz, 05 de Julio del 2014
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