Los Conejos

Un hombre vivía dedicado a la caza de conejos.

Una mañana, de espléndido sol, se dirigió al bosque para iniciar otro día de labor. Dijo para sí:

– Por aquí suelen aparecer los conejos. Me ocultaré en espera de que se asomen.
Se movieron las matas, el cazador templó el arco, y la flecha salió disparada para incrustarse en el cuerpo de un conejo juguetón.

– ¡Enemigo a la vista! ¡Todos a sus casas! -Gritaron los otros conejos y desaparecieron en pos del refugio.

Al cabo de un tiempo, olvidando el peligro, el miedo y la prudencia, salieron los conejos a retozar alegremente.

Y el ducho cazador, que conocía las costumbres conejiles, los fue liquidando uno por uno.

Moraleja: De nada sirve la ciencia, sino gobierna la prudencia.

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