El Poder de las Fábulas

El famoso Demades, gran orador griego de la antigüedad, se encontraba en una asamblea de atenienses, que no prestaban atención a su discurso. Entonces, Demades habló en estos términos: — Un día caminaba Ceres acompañada de una golondrina y una anguila. Los concurrentes callaron y escucharon al maestro, que continuó así: — Juntas llegaron a

El Burro y los Libros

Al pasar por el prado, un asno encontró los libros del pequeño Jonás. Luego se dijo: — Si yo me comiera estos libros, aprendería muchas cosas sin mayor esfuerzo. Y, dejando la hierba, se puso a masticar alegremente los libros, hasta terminar con ellos. Desde aquel instante el burro se sintió tan sabio y orgulloso

El Anciano Martincho

Tres ancianos estaban sentados en la ladera de un jardín, hablando de sus problemas, entre ellos Martincho de noventa y tres años. El anciano que tenía setenta y tres años, dijo: —Mi oído está fallando. ¡La gente tiene que gritarme  y aún así no puedo oír bien! Entre tanto, el anciano de setenta y ocho

La Mujer y el Cántaro

Una mujer, al ir a la ciudad, encontró un cántaro que en otrora había guardado excelente vino. Por curiosidad, la mujer olfateó el recipiente y comprobó el embriagador aroma que despedía. — ¡Oh! ¡Dioses! ¡Qué delicioso debió ser el vino que guardó este cántaro abandonado, cuando al cabo de tantos años conserva aun su fragancia!

El Pastor y su Ganado

Un pastor, de quien el lobo había devorado su mejor oveja, reunió a los corderos y le dijo: – ¡Ustedes son presa fácil del lobo porque son débiles; si todos se mantuvieran unidos en el peligro, les aseguro que el enemigo huiría! El más anciano contestó: – ¡No seremos sorprendidos más por el lobo! ¡Lucharemos

El Lobo y el Carnero

Un Perro, exterminador de lobos, murió en una cruenta pelea motivando el llanto del amo. – Córtame los cuernos y cúbreme con el cuero del mastín –le dijo un vigoroso carnero al ver la pena del pastor–. Los lobos creerán que soy el perro. El pastor, acogiendo la idea, la puso en práctica. Al poco

El Toro y el Ratón

Un ratoncillo muy travieso mordisqueaba a un corpulento toro que descansaba sobre la hierba. El toro, al darse cuenta del asunto, exclamó: – ¡Oh! ¡Qué fastidioso animalucho! -Decía batiendo la cola para librarse de los dientecillos del roedor. El fastidioso ratón se escondía del toro para no dejarse ver. En cuanto el cuadrúpedo se clamaba

Las Justificaciones de Martincho

Martincho trabajaba en una fábrica. Como el hombre era pobre, solía ir a la fábrica montado en un burro. Sin embargo, siempre retornaba tarde a su casa y esto exasperaba a su esposa Emilia. Entonces ella cuestionó: – Se puede saber, ¿por qué siempre llegas tarde? Y martincho se explicó ante su esposa: – Trata

La Corneja y los Pájaros

Cuando Júpiter iba a nombrar al rey de los pájaros, los citó para elegir al más hermoso de ellos. Entonces los pájaros, con ánimo de lavarse y estar presentables, fueron a la orilla de un río. Pero la corneja, dándose cuenta de su fealdad, se dedicó a recoger las plumas que los pájaros dejaban caer

El Pastor Mentiroso

Queriendo divertirse a costa de los demás, un pastor se puso a gritar locamente:   – ¡El lobo! ¡El lobo!   Los campesinos, al oír semejantes gritos, corrieron en su auxilio y encontraron al pastorcillo recostado y burlándose de ellos a la sombra de un árbol. Frustrados los campesinos, se retiraron del lugar.   Sin

La Tortuga y la Liebre

Cierto día, una tortuga, al ver que la liebre se burlaba de sus pies y lento caminar, la desafió a correr para saber cuál de las dos llegaría primera a la meta señalada. Dicho y hecho, eligieron por juez a la zorra, por ser la más astuta de todos los animales. Pero sucedió que la

El Amigo de Martincho

Cierta vez, un amigo de Martincho llegó alardeando desde la capital diciendo que se había vuelto muy rico. Al ver a Martincho, dijo: El Amigo de Martincho – ¡Martincho, he triunfado! Me he vuelto muy rico, que no tienes idea. ¡Tengo un palacio de 500 habitaciones, 7 piscinas, ni qué decir, es un auténtico castillo!

El Lobo y la Sigüeña

A cierto lobo glotó se le atravesó un hueso en la garganta. Viéndose en peligro de morir, por asfixia, suplicó a una sigüeña que se lo estrajese. Le dijo:   – Tú que tienes un pico tan largo, ¿puedes extraerme este este hueso que me ahoga? Hazlo por favor, que yo sabré recompensarte.   Compadecida

El Joven y el Ladrón

Un joven, sentado en el brocal de un pozo, vio que un ladrón se le acercaba y, conociendo sus intenciones, fingió llorar amargamente.   El ladrón preguntó al joven qué motivos tenía para afligirse de tal manera.   El sagaz joven le explicó que había venido a sacar agua con una jarra de plata, pero

Las Lágrimas del Rico

Un grupo de mujeres plañideras, a quienes se les había pagado, lloraban a moco tendido la muerte de una de las hijas de un acaudalado padre.   La otra hija, sorprendida, se acercó a su madre y le preguntó:   – Madre mía, ¿cómo nosotras que sufrimos la desgracia en carne propia, apenas si lloramos?

Martincho Buscando a su Mujer

Una tarde, Martincho corría hacia una granja y preguntó al granjero:   – ¿Ha visto a una lunática pasar por aquí?   El granjero replicó:   – ¿Cómo es ella?   Martincho, sin pensarlo dos veces, describió:   – Mide un metro ochenta, es muy gorda, y pesa 30 kilos.   El granjero, denotando cierta

El Cabrito Fanfarrón

Mientras paseaba en la floresta, en un tibio día de sol, un cervatillo, que iba detrás del ciervo admiraba el magnífico aplomo y señorío de su padre. Sin poder contener su curiosidad, el pequeño habló al ciervo de este modo: – Padre, veo que luces fina estampa y eres, según compruebo, más ágil que los

Los Viajeros y la Ostra

Dos viajeros que pasaban por la orilla del mar en horas de marea baja, vieron una hermosa ostra. – Esa ostra es mía -dijo el más viejo tratando de posesionarse del molusco.    El otro replicó:   – No; la ostra es mía -gritó el más joven-.   Así se inició una agria discusión entre

El Águila y la Zorra

Un hombre cazó un águila, le cortó las alas y lo encadenó. Otro cazador bondadoso, que había observado la cruel escena, compró al prisionero, la alimentó y tan pronto le crecieron las alas y lo dejó en libertad. Semanas después, el águila, demostrando gratitud, se presentó a su benefactor, llevándole una liebre. En ese trance,

Martincho y su Hijo

Dado que el hijo de Martincho, a veces se encontraba rezando y leyendo la Biblia en el templo -como un devoto-, otras veces se encontraba borracho con sus amigos y en otras ocasiones parecía muy afecto al dinero, su padre, que quería lo mejor para él, no podía saber qué será de él. Estaba totalmente

Los Perros Hambrientos

Una jauría de perros famélicos, recorría la comarca en busca de alimento y, cuando pasaron junto a un arroyo, uno de ellos dijo:   – ¡Miren allá abajo! ¡Hay unas pieles que se remojan en el fondo del fozo!   Efectivamente, en lo profundo de unas aguas cristalinas, se veían unas pieles sumergidas para el

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