El Pastor y el Mar

A un pastor, que apacentaba su rebaño a orillas del mar, le picó las ganas de hacerse comerciante. – Es breve  la travesía -se dijo-, y, embarcando a las ovejas, se puso a remar. En la costa vecina vendió su ganado a magnífico precio. Con el dinero obtenido compró dátiles africanos. Al retornar con su

La Excusa de Martincho

Una noche, Martincho llegó a su casa muy tarde; debió de ser las tres de la madrugada. Como su casa ya estaba asegurado, golpeó la puerta y su esposa, Emilia, que estaba enfadada, preguntó: — ¿Dónde estuviste hasta estas horas?   Martincho, queriendo explicar, dijo:   — ¡Espera! No te precipites. Solo dame un minuto

El Lobo y el Murciélago

Volando de rama en rama un murciélago adormitado fue a caer sobre un lobo dormido. Éste, despertando al instante, lo cogió y al punto intentó devorarlo.   Entonces, el murciélago clamó por su libertad.   Y el lobo dijo:   – Te dejaré libre, pero con la condición de que me digas por qué los

La Liebre y el León

Cierta vez, un león vio a una liebre completamente dormida y cuando quiso cazarla, avistó pasar cerca de él a un ciervo y le entró una ambición. Entonces, al ver que el cervatillo le ofrecía mayor volumen de carne, abandonó a la liebre y corrió en persecución del ciervo. En ese mismo instante, la liebre,

El Cabrero y la Cabra

Un muchacho cabrero que reunía su rebaño para llevarlo al aprisco, advirtió que una cabra se entretenía comiendo, en un pradillo, la hierba tierna. Impaciente el pastorcillo, por regresar a tiempo, cogió una piedra y la arrojó a los cuernos del animal, uno de los cuales quedó partido en el acto. Asustado el cabrero por

El Viejo y el Asno

Un viejo y su hijo llevaban al mercado un asno para venderlo. Iban a pie para no fatigar al animal, pues pensaban que, al llegar descansado, se recomendaría solo en las ventas de la feria. A poco se encontraron con unas mujeres, quienes comentaban la torpeza de caminar a pie teniendo tan buena cabalgadura. El

El Capitán Martincho

Un día, un general se encontró con el capitán Martincho que siempre estaba borracho y lo cogió del brazo. Aunque borracho, el capitán solía ser muy buena persona. De hecho el general dijo:   – Eres un buen hombre y te aprecio, y todos te aman; sin embargo estás desperdiciando tu vida y tus condiciones. 

Las Dos Ranas

En un día de sofocante calor, los campos estaban amarillentos y los charcos y pantanos tenían escasas aguas y hierbas secas en sus riberas. Dos ranas, muertas de sed y con la piel rugosa, caminaban juntas en busca de aguas refrescantes. Después de caminar y caminar, llegaron hasta un pozo profundo y, sentándose en el

El Zorro sin Cola

Un zorro que se paseaba por el bosque, cayó en una trampa que le habían preparado unos cazadores. El astuto animal hizo muchos esfuerzos por escapar de la trampa y sólo lo consiguió perdiendo la cola que, para él, era su mejor adorno. – ¿Qué hacer ahora sin mi magnífica cola? -Se decía entre sollozos-.

El Tordo y la Golondrina

En un jardín vivía un tordo joven que hizo grande amistad con una golondrina transeúnte.  La golondrina fue tan jovial y amable con el tordo que, al inocentuelo, le pareció galana y discreta, al extremo de cederle lecho, comida y amor. – No hay nada en el mundo, ¡oh, madre mía! -dijo un día el

Martincho Cazando Moscas

Era un día de verano y Martincho se encontraba afanado en cazar moscas. Vino su esposa y le encontró con las manos en la masa.   Ella preguntó:   – Martincho, ¿qué haces? Él contestó:   – Aquí, cazando moscas. Cacé tres, un macho y dos hembras.   Ella interrogó:   – ¿Y cómo supiste

La Hija de Martincho

La hija mayor de Martincho era realmente hermosa y toda la población solía estar admirada de sus dotes que la naturaleza le había otorgado.  Un día, junto con sus amigas, decidió ir al balneario más famoso del poblado. Estando allí, todas se zambulleron al agua y comenzaron a disfrutar acompañado del acostumbrado chismorreo de las

Los Deseos Opuestos

Un hombre, que tenía dos hijas, casó a una de ellas con un hotelero y, a la otra, con un alfarero.  Pasado un tiempo, fue a visitar a la esposa del hotelero y le preguntó sobre su salud, así como del estado en que se encontraban sus negocios.  Ella contestó:  – Todo va de maravilla;

El León y los Cuatro Bueyes

Cuatro bueyes, que pastaban en los alrededores de un prado, se juraron eterna amistad.  Así pues, cuando un león les atacó, se defendieron tan bien que la fiera emprendió una fuga veloz.  El león, viendo que esta unión de los bueyes lo privaba de comérselos, comenzó a hacer uso de la intriga.  Buscó a cada

Martincho y su Esposa

Emilia, la esposa de Martincho, dijo a su marido: – Cariño, ¿me amas con todo tu corazón y toda tu alma? El hombre contestó: – ¡Uhhuh, un montón! Ella siguió preguntando: – ¿Piensas que soy la mujer más bella del mundo y que no tengo parangón? Él dijo: – Por su puesto. Ella insistió: –

El Asno y la Zorra

Un asno y una zorra caminaban por la pradera, cuando de pronto, apareció un león con intenciones nada benévolas, desde luego. La zorra, jactándose de ser amiga de Rey de la selva, se adelantó para decirle al oído: – Si me dejas libre verás que el torpe burro caerá inmediato en tus garras. Y volviendo

El Borracho Martincho

Martincho se había emborrachado a como de lugar. Y, al fín, logró subirse a un bus repleto de gente, entre ellos, muchas mujeres. El muy descarado borrachín, comenzó a toquetear a las mujeres sin ningún escrúpulo. Algunas comprendieron la situación de aquel hombre y no dijeron nada. Se hacían a un lado y ya, toda

La Lengua

Don Matías, gastrónomo de vocación, ordenó, cierta vez, a su cocinera: – Hoy me presentará a la mesa lo mejor que puedas encontrar en el mercado. Y la cocinera, para agradar al amo, le preparo un apetitoso guiso de lengua. Otro día, insistiendo el patrón en sus refinados gustos, dijo a su servidora: – Trae

El León, la Vaca, la Cabra y la Oveja

Un león, una vaca, una cabra y una oveja hicieron un pacto para cazar en los montes y repartirse en paz cuanto atrapasen.  Una tierna cierva fue la primera pieza que cobraron. El león después de dividirla en cuatro partes iguales, argumentó:  – La primera de estas partes es para mí, porque me llamo león;

Martincho y las Leyes

Martincho se había convertido en un afanado amante de las leyes, tanto que su fama se extendió por toda la región. Sin embargo, cuando tomó la decisión de estudiar una carrera específica, se apuntó para la carrera de Filosofía. Entonces, uno de los altos dirigentes de la Facultad, le interrogó:   – Deberías inscribirte en

El Avaro y el León de Oro

Un avaro, miedoso, se topó con un león de oro. Lleno de asombró balbuceó este monólogo: – ¡Que portentosa ocasión! El miedo paraliza mi mente y desgarra mi corazón; sin embargo, la ansiedad de riqueza doblega mi pobre alma. ¿Qué poderes celestiales crearon esta maravillosa obra? ¡Cómo deseo el oro, más la vista de esta

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